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Esmaltes al fuego: Cómo usarlos

Los esmaltes al fuego son muy sencillos de usar. Es verdad que existen numerosas técnicas, aunque no todas se pueden aplicar a la pasta de plata debido que su punto de fusión es bajo con respecto a otros metales. De momento comenzamos con lo más básico: su utilización, conservación y limpieza.

El color del esmalte en polvo no tiene porqué coincidir en absoluto con su tono tras la cocción, así que no os extrañeís si pedís un tono rojo y os dan un esmalte en polvo de color blanco.

Preparación del metal

La plata pura no se oxida, por lo que no necesita limpieza. Tampoco necesita contraesmalte, que se utiliza para neutralizar los efectos de dilatación y contracción. Únicamente hay que quitarle la capa blanquecina que surje tras la cocción del material. No se abrillanta.

Preparación del esmalte en polvo

Hay que limpiar muy bien los esmaltes, pues parte del resultado final depende de que no tenga demasiadas impurezas.

La limpieza se realiza por decantación, es decir que al mezclar el agua con el esmalte las imperfecciones tienden a unirse con el agua, mientras que el esmalte se precipita en el fondo del vaso. Es conveniente usar un vaso alto de cristal. Se echa un poco de esmalte y a continuación le echamos agua del grifo con presión para remover el esmalte. Dejamos resposar un poco, hasta que el esmalte se queda en el fondo. Quitamos el agua volcando con cuidado el vaso, para que no se nos vaya el esmalte. Volvemos a repetir todo el proceso un par de veces más, hasta que el agua salga transparente.

No es nada sencillo coger el esmalte con el pincel en un vaso de tubo, es conveniente echarlo en un recipiente más bajo y con boca más ancha. Mientras el esmalte esté húmedo no va a salir cómodamente del vaso, de modo que, o bien esperamos a que éste se seque, o bien añadimos un poco de agua y removemos para facilitar el proceso. El nuevo recipiente debe ser de plástico o cristal, pero nunca con tapaderas metálicas que puedan oxidarse y pasar esa suciedad al esmalte.

Conservación del esmalte al fuego

Una vez limpio el esmalte se puede guardar húmedo o seco, pero siempre en un envase cerrado.

Aplicación del esmalte al fuego

Normalmente se trabaja con el esmalte húmedo, aunque también se puede usar en seco, aplicándolo con un colador fino. El esmalte húmedo se aplica con pincel. Os recomiendo que tengais pinceles muy finos (al menos uno de grosor 3/0) y duros, pues cuando el esmalte se carga en el pincel, es difícil trabajar en piezas pequeñas como las que hacemos con pasta de plata. El esmalte debe contener la cantidad suficiente de agua como para poder coger también poca cantidad, si véis que se empasta mucho es que necesita algo de agua.

Necesitaréis tener a mano un vaso de agua para poder limpiar el pincel cada vez que cambiéis de tono, y cuando necesitéis un poco de agua en el esmalte que estáis aplicando. A veces al echar el esmalte, éste no queda uniforme, pero con un poquito de agua y con la ayuda del pincel, se nivela la superficie. Después se quita humedad del mismo con la ayuda de una servilleta de papel, así veréis realmente la cantidad de esmalte que habéis echado, para poder hacer las correcciones necesarias.

Mezclar colores

Los diferentes tonos de esmaltes no mezclan bien entre sí. No penséis que si tenéis uno rojo y uno amarillo, podéis evitar comprar el tono naranja. Aunque los unáis no os dará un naranja definido. Es como si quedaran diminutas partículas de amarillo entre diminutas partículas de rojo. Lo que sí queda bonito es hacer un degradado de color, es decir que tenga cada vez más partículas del tono final para conseguir un cambio suave de color.

Tampoco os aconsejo mezclar tonos transparentes con opacos, generalmente no dan buen resultado. La apariencia de esa combinación es como si el color opaco estuviera sucio.

Cocción del esmalte al fuego

El esmalte únicamente se puede cocer con horno, pues es necesario tener un control constante de la temperatura.

Como vimos en el artículo de esmaltes la temperatura de fusión no es la misma para todos. Tened eso en cuenta a la hora de cocerlos. Los que nosotros compramos se cuecen a 950ºC.

Al abrir el horno la temperatura comienza a bajar. Es necesario secar bien el esmalte antes de cocer, por lo que se introduce un par de veces unos instantes en el horno, hasta que sale un poco de humo, señal inequívoca de que el resto de agua se ha evaporado. Después lo dejamos en el horno entre 90-120 segundos.

Si el esmalte al fuego ha fundido bien, al sacarlo tiene un brillante color rojo, que se va apagando en un naranja hasta enfriarse por completo. Entonces se muestran ya los tonos definitivos.

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